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	<title>Coronel B &#187; Historia de Coronel</title>
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		<title>Coronel, los primeros años</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 10:24:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Millalonco</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia de Coronel]]></category>

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La memoria colectiva de la ciudad parece tener su inicio a mediados del siglo XIX, cuando el empresario Jorge Rojas Miranda inició la explotación de los recursos carboníferos existentes en el territorio de Coronel. Sin embargo, parecemos olvidarnos de los pobladores proto-históricos, aquellos que en verdad fueron los primeros en aprovechar los recursos disponibles. Esos [...]]]></description>
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<p>La memoria colectiva de la ciudad parece tener su inicio a mediados del siglo XIX, cuando el empresario <strong>Jorge Rojas Miranda</strong> inició la explotación de los recursos carboníferos existentes en el territorio de Coronel. Sin embargo, parecemos olvidarnos de los pobladores proto-históricos, aquellos que en verdad fueron los primeros en aprovechar los recursos disponibles. Esos fueron un oscuro pueblo que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Latcham">Ricardo Latcham</a> reconoce como “changos”, un grupo de recolectores mariscadores que no conocían la cerámica y fueron los responsables de dejar numerosos conchales repartidos por toda la costa de Chile. <span id="more-367"></span></p>
<p>Pescaban, mariscaban los roqueríos y hasta posiblemente usaban pequeñas embarcaciones hechas de cueros inflados de lobos marinos. De improviso, ese pueblo desapareció, posiblemente asimilado a otra forma cultural, aquella vinculada a la tierra y la incipiente agricultura de este lado del planeta. Vestigios de esos asentamientos, los primeros de Coronel, se reparten en las zonas altas de Playa Blanca, Fundo Calabozo y Maule. Quizás el futuro nos reserve alguna sorpresa arqueológica, como sería la relación de estos habitantes a  restos de una fauna pleistocénica con mastodontes, guanacos gigantes, milodones y otros animales de ese período.</p>
<h2>El Andalicán</h2>
<p>Desde ese punto, el territorio hizo un largo paréntesis, hasta que en los últimos 1.000 años es posible pensar en una población nueva, de gente que usaba la cerámica, cultivaba la tierra, hablaba el “mapudungun”, usaba proyectiles de piedra y estaba asentada en ciertos sitios de Coronel: Cerros de Maule, Yobilo, Manco y también Louta, siempre en las proximidades de vegas o “bochanes”. No fueron grandes poblaciones, sino pequeños asentamientos liderados por caciques tribales, cuya producción agraria de subsistencia les permitió medrar hasta muy avanzada la llegada de los españoles. Eran conocidos entre los demás nativos como habitantes del “Andalicán”, lo que pudiera significar lugar de las piedras ardientes, aún cuando hay otras acepciones al vocablo que resultan menos felices.</p>
<p>Por estas tierras, y en especial por la <a href="http://www.coronelb.cl/2008/05/25/plaza-jorge-rojas-miranda/" target="_blank">plaza del monumento a Jorge Rojas</a>, el principal estrechamiento en kilómetros a la redonda -cosa que nuestros modernos urbanistas se esfuerzan en desconocer-  pasó de todo durante siglos: gente, productos y cultura. Con la llegada de los españoles ese punto era parte de la “Ruta del Conquistador”, como se reconoce en la épica de Valdivia.</p>
<p>Por allí pasó Don Pedro a su cita con la muerte en Tucapel, el verano de 1553 y por el mismo sitio fue Don Francisco de Villagra en su venganza para regresar vencido y a la estampida con Lautaro y mesnadas pisando sus talones. Más tarde lo hizo Don García Hurtado de Mendoza, acompañado de Don Alonso de Ercilla, con su cálamo repleto de tinta garrapateando las primeras páginas en blanco de “La Araucana”.  Pero en esas fechas, aún este lugar no tenía el nombre de Coronel.</p>
<h2>El nombre de Coronel</h2>
<p>Sobre el nombre de nuestra ciudad hay encontradas versiones. Una habla de un misionero de ese apellido en los tiempos del Gobernador Oñez de Loyola, pero no hay registros de ningún religioso con ese nombre. Otra tiene relación con el Coronel Francisco del Campo quién murió en 1602, preparando el despueble de Osorno, y se cita a un lugar denominado Coronel, pero las distancias involucradas nos permiten suponer que el dato es confuso.</p>
<p>Más certero sería la relación entre una propiedad ubicada entre Concepción y el fuerte de Arauco de Don Miguel Gómez de Silva y Manríquez, quién era Coronel General a cargo de la guarnición del Fuerte de Arauco y la plaza fuerte de Colcura. En esa condición, era vecino y colindante con las tierras del cacique Regumilla. Y si esa no les gusta, sugiero que durante una de las tantas sublevaciones un cacique del “Andalicán” se hizo de los arreos de un Coronel de Ejército, y en su condición de zona colchón en tiempos de guerra, fue premiado por los españoles para usar ese uniforme como “indio amigo”, nombre que se estilaba dar en esos tiempos a los reductos limítrofes entre ciudades españolas y campos de conflicto.</p>
<h2>Ciudad no fundada</h2>
<p>Debió llegar el siglo XIX para que este territorio formara parte de la naciente República de Chile y también la tecnología del vapor y la necesidad de producir calor a altas temperaturas para que los pioneros aquilataran el valor del tesoro albergado en el subsuelo de Coronel. Así fue como Don Jorge Rojas Miranda, a la sazón administrador de las minas de carbón de Lirquén, se informó de las piedras negras comerciadas por los “andalicanes” de Puchoco en el Balseadero de San Pedro. Su olfato y experiencia minera lo pusieron sobre el descubrimiento que cambiará para siempre la apacible historia del Coronel de aquellos días, sólo interrumpida por espaciados estados de guerra o feroces temblores de tierra y maremotos.</p>
<p>Durante el verano de 1848-49 confirmó el valor de los yacimientos y el 30 de Agosto de 1849 celebró un contrato de arrendamiento con el Sr. Francisco de Paula Mora, propietario de las tierras. Desde ese momento se dedicó infatigablemente a hacer del carbón chileno un producto conocido internacionalmente. Con el objeto de desmentir que el carbón era de mala calidad, envió a distintos puertos del Pacífico cargamentos del mineral para ser aquilatados por los usuarios, le dio buen resultado y pronto el carbón de Coronel era adquirido sin problemas. Ello atrajo una gran flota de navíos y Coronel fue declarado Puerto Menor en 1854.</p>
<p>El primer puerto carbonero se construyó y habilitó en 1856 y la primera oficina de Correos en 1857, cuando la ciudad se empinaba sobre los 3.500 habitantes. En paralelo, y debido al “hombre político” encarnado en Jorge Rojas que lo enfrentó con el gobierno de la época, se generó espacio para la competencia que, aprovechando procesos y litigios de Rojas fundaron nuevas compañías productoras en alianzas comerciales como la de Délano, Urmeneta y Cotapos, y más tarde en 1859 con Federico Schwager quién adquiere los terrenos de la “Boca de Coronel” (Boca Maule).</p>
<h2>Coronel, puerto minero</h2>
<p>En 1861 Coronel recibe el título de Puerto Mayor para exportar carbón e importar maquinarias del exterior, especialmente máquinas a vapor. Cuatro años más tarde recibe el reconocimiento de cabecera del Departamento de Lautaro, con el cambio administrativo correspondiente. A ello se agrega la construcción de un segundo muelle de embarque, la habilitación de una Aduana y Tesorería, la organización de la Capitanía de Puerto, servicios de un Párroco y la obtención del título de Villa.</p>
<p>En 1865 la ciudad llegaba a los 12.000 habitantes y estaban en plenas funciones los depósitos del Cerro Obligado y Manco. En 1869, veinte años después de Jorge Rojas aparece Don Luis Cousiño, quién organiza la llamada Compañía Explotadora de Lota y Coronel, con el enorme capital de $5.000.000.- Para ese entonces ya teníamos un Hospital con departamentos para hombres y mujeres con atención gratuita para los desvalidos, debiendo pagar los pudientes $ 0,50 diarios.</p>
<p>Es de imaginar el rápido crecimiento de la ciudad. En pocos años, sin más formas de comunicación sino el mar y un largo camino hacia los balseaderos de San Pedro, los primeros habitantes encontraron el modo y la forma de cambiar sus vidas con la explotación del carbón. Muchos llegaron de los campos aledaños y prendados del contacto urbano hicieron raíces permanentes en la incipiente villa. Atraídos por las luces de la civilidad, dejaron su vida de labriegos montaraces y se hicieron apires, barreteros, arreadores y cuanta división laboral existía al inicio de la explotación del carbón. Asumieron sus riesgos y disfrutaron de sus beneficios mejorando sustancialmente su calidad de vida.</p>
<p>Otros venían de tierras muy lejanas con conocimientos y oficios aprendidos que compartieron generosamente en legiones de obreros y aprendices. También dejaron su rastro en algunas cabelleras rubias o rojas, que de tanto en tanto se dejan ver entre el pueblo.</p>
<p>Fueron los primeros pobladores organizados que de la mano de los empresarios y un gobierno visionario, como fueron los fecundos decenios de Montt y Pérez dieron con las bases y fundación de los primeros campamentos, una aldea y finalmente una villa, al futuro germen de la ciudad de Coronel, que hasta hoy no muestra atisbos de detener su crecimiento e influencia económica.</p>
<p>Mientras muchos pueblos mineros son hoy pueblos fantasmas, la ciudad de Coronel, recuperado su título de Puerto Mayor, se proyecta hacia el Pacífico y el futuro en la búsqueda de los grandes mercados del Asia y la Oceanía.</p>
<p><small>Foto: <a href="http://www.alrojo.cl">alrojo</a></small></p>
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		<title>Viaje al centro de la tierra</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2008 10:34:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Millalonco</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Carbón]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Coronel]]></category>
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Hasta hace poco, en 1998, aún era posible hacer una excursión hacia el centro de la tierra, aquí en la mina de Schwager. No hacia falta viajar a Islandia y meterse entre oquedades y respiraderos de extintos volcanes, como lo imaginara Julio Verne. Tampoco sería asunto de supervivencia esperar una erupción de Vesubio para  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img BORDER="0" HEIGHT="311" WIDTH="450" ALIGN="bottom" TITLE="minero_schwager.jpg" ALT="minero_schwager.jpg" SRC="/wp-content/uploads/2008/04/minero32.jpg" /></p>
<p>Hasta hace poco, en 1998, aún era posible hacer una excursión hacia el centro de la tierra, aquí en la mina de Schwager. No hacia falta viajar a Islandia y meterse entre oquedades y respiraderos de extintos volcanes, como lo imaginara Julio Verne. Tampoco sería asunto de supervivencia esperar una erupción de Vesubio para  emerger desde las entrañas de la tierra, luego de lidiar con espantosos monstruos antidiluvianos.<span id="more-302"></span></p>
<p>Nada de esos venturosos peligros estaban contemplados en la excursión que era posible hacer cuando Negocios Forestales mantenía en funciones el acceso a las instalaciones mineras de Arenas Blancas, cuando su cabría aún resistía la corrosión del aire salino maulino. Novecientos quince metros bajo el nivel del mar en vertiginosa carrera vertical era el inicio de una excursión de satisfacción garantizada.</p>
<p>Ya enfrentados a la gigantesca catedral que era la galería principal podíamos montar los carros carboneros y viajar entre los esquitos micáceos, que tienen unos 400 millones de años desde su formación geológica y que colorean las galerías y túneles con toques verdosos. Durante el trayecto era posible observar a largos intervalos algunos pedruscos negros, se trata de carbón, objeto de toda esa obra monumental que consistió en hacer productiva la mina más profunda de estos lados del mundo.</p>
<h2>La Construcción de la mina</h2>
<p>La Mina de Schwager tenía todos sus laboreos bajo el nivel del mar. En 1944, se decidió la construcción de dos piques de 6.7 metros de diámetro por donde se extraería el mineral. Estos piques, construidos a “ñeque” al excavar arena de los primeros 12 metros y arcilla dura en los siguientes, supusieron bastantes dificultades. Incluyeron la desviación de la vertical y achique de agua hasta reducirla a 7 galones por minuto. Finalmente se llegó a la arenisca (nivel -15) y luego al esquito micáceo (nivel -46) roca dura e impermeable que requirió de nuevas técnicas para domeñarla. Al llegar a este nivel, los piques fueron excavados a 7,9 metros de diámetro, con el objeto de aplicar 50 centímetros de mampostería y 10 centímetros de relleno.</p>
<p>El avance en la roca se hizo con explosivos. Cada término consistía en hacer 50 a 60 agujeros de 2 metros de profundidad, cargados con 150 a 200 libras de gelatina al 60 por ciento. Se usaron detonadores de retardo con intervalos del N° 0 al N° 5. La roca despanzurrada por las tronaduras de los tiros, llamada tosca, era cargada a mano en capachos de 1000 litros de capacidad y halada a la superficie. El personal a cargo de esta tarea consistía en 12 hombres por turno. Había tres turnos y todos estaban entrenados para hacer completa la operación. Es importante destacar, y en esto los chilenos lo hacen bien, ninguno de los trabajadores tenía experiencia previa en la construcción de piques. Tampoco debe olvidarse que al momento de las obras, el mundo pasaba la más cruenta conflagración que se recuerde, la segunda guerra mundial. Todos los recursos de la técnica e industria mundial estaban dedicados a la guerra, en consecuencia, los responsables de esta obra de titanes debieron improvisar todos los equipos y maquinarias.</p>
<p>Los piques fueron concluidos en 1951, y el sumidero del pique N° 1, se terminó en 1955, a la profundidad de 955 metros. Todo este trabajo fue posible sólo con la concurrencia de personal de la Mina Schwager. Luego se hicieron las galerías principales. Se instaló la maquinaria importada: Huwood, Siemens-Schuckert, Mayor and Coulson, Samson para la explotación, locomotoras a baterías eléctricas Wingrove y Rogers y sus líneas, instrumental de operación eléctrico, aireadores Koepe esenciales para aventar los infernales efectos del gas grisú y todo lo necesario para hacer la extracción –además de las instalaciones de superficie- que se iniciaría en 1959.</p>
<h2>Los &#8220;cholloncos&#8221;</h2>
<p><img BORDER="0" HEIGHT="335" WIDTH="272" ALIGN="left" TITLE="minero.jpg" ALT="minero.jpg" SRC="/wp-content/uploads/2008/04/minero.jpg" />Los planes de aquella época contemplaban una producción ininterrumpida de 1.500.000 toneladas de carbón anuales, y una producción diaria de 6.000 toneladas. Para tener un parámetro, hoy en día, las Minas de Buen retiro producen 3.500 toneladas mensuales. Los ejecutivos de las Minas de Schwager consideraban que en 1961, la producción descendería a 800.000 toneladas anuales o un promedio diario de 3.000, esto por el significativo alejamiento de los frentes de laboreo y agotamiento de los mismos. Más tarde se descubrió que los mantos carboníferos de Schwager no superaban los 70 centímetros de altura, una potencia en mantos que Lota superaba con largueza sobre el metro de altura, por ese motivo a los mineros de Schwager los lotinos les decían en mofa “cholloncos”.</p>
<p>Sin embargo, en 1956, se consideraba que existían grandes reservas al noroeste de Buen Retiro. Allí la minera Schwager mantenía una concesión de 9.575 hectáreas y unas 49.340.000 de toneladas de carbón. Pero, en esos días y hasta hace poco, el carbón había completado su ciclo, el mundo industrial moderno había ido cambiando su matriz energética por la energía que produce la combustión del petróleo. Grandes compañías e intereses sobre la geografía del mundo dieron con una llave de combustible abundante y barato del que todos alguna vez nos beneficiamos. En esas condiciones, nuestro carbón no pudo competir en precios con similares producidos bajo otras realidades sociales. Llegó el ocaso y se apagó el carbón. Insensatos, hoy nuestros problemas energéticos podrían tener mejores soluciones, junto con el desarrollo de nuestra región. No vimos como los chinos, aún hoy mantienen en servicio las viejas locomotoras a carbón junto a modernas centrales termoeléctricas.</p>
<p>El mineral extraído ayudó eficazmente a la industrialización nacional. La gente que vivió directa o indirectamente del carbón formó familias, educó hijos y hoy contempla la transformación del otrora mineral Coronel en una ciudad de recursos misceláneos. Queda poco del pasado, incluso del casi inmediato. La ciudad minera heredó escasos bienes del carbón y se encuentran repartidos con descuido, en muchos casos. Una excepción es Maule, donde el patrimonio urbanístico es único y particular para cualquier lugar de Chile.</p>
<h2>El Patrimonio Olvidado</h2>
<p>Es cierto que el único monumento formal a los pioneros es la magnífica estatua de Don Federico Schwager que preside el ingreso a Maule, sin embargo el barrio está salpicado de monumentos al trabajo: la mina de Schwager, inundada y sin accesos, el Chiflón Santa María frente a la playa de Maule, anclas tipo almirantazgo y un pique de ventilación derruido frente a la Caleta Maule. Son parte de la historia local y que por su enorme incidencia en lo que fue la economía global y social del país, se hacen  museo vivo de uno de los aspectos de la minería del carbón chileno.</p>
<p>Si hoy pudiéramos volver a bajar a las entrañas de la tierra, sentiríamos el calor del gradiente geotérmico, oiríamos el estruendo de las corridas de los carros, las máquinas neumáticas percutiendo  las duras rocas entre las voces de los mineros de ayer. Sentiríamos el sudor de la tierra, del pan extraído a golpes de voraces barrenos y palas mecánicas. Sentiríamos todo el peso del mar sobre nuestras cabezas, allá, a casi mil metros de profundidad en la oscuridad de la mina ¡Cuántas vidas latiendo sus corazones al unísono por esos laberintos de piedras y oquedades hoy vacías para siempre!</p>
<p><small>Foto 1: <a HREF="http://cuencadelcarbon.blogspot.com/">Blog tradición minera</a></small></p>
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